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La Última Tenida





Partiendo de Drancy a las 6,-h. de la mañana, el tren llegó cerca de 16,-h. a la estación de Compiègne. Fuera, en la plaza de la Estación, una decena de grandes camiones, con los toldos y bajantes a punto, esperaban la mercancía humana. Como las puertas abiertas para el ganado, la fueron librando. Nada más que hombres, con ropa de calle, vestidos de artesanos con un mono de trabajo, que se colocaban en columnas de tres. El día fue largo, entre paradas para dejar pasar a los convoys militares y los bombarderos, escondidos en los túneles.

Los camiones partieron hacia los altos de Compiègne, al campo de Royalieu, un gran espacio en forma de cuadrado, donde había una serie de barracas de placas desunidas, abiertas a los cuatro vientos, en este Otoño del 42.

En grupos de cincuenta, los hombres fueron conducidos hacia las barracas, que tan solo disponían de bancos para veinte; en los que cada uno buscaba el mejor sitio, cerca de la entrada, para un mejor acceso a las letrinas.

Diana por mañana, llamada al mediodía, llamada por la noche, cenas -bueno lo que se parecía a una cena-, contra llamada; esto es lo que ocupaba a los deportados de Royalieu.

Una noche en una barraca, Juan, el niño parisino, impresor, cansado de la monotonía del campo, lanzó su cántico:

"A mi, hijos de la Viuda!"

Los susurros cesaron, los hombres se miraron unos atónitos, otros un poco sorprendidos.

Carlos, el belga, que fue Venerable de su Logia en Lieja, intervino:

“¿Sois Franc-Masón?”

Creo que puedo decir que mi Hermanos me reconoce como tal”, replicó nuestro parisino.

Luego fue el turno de Franz, un muniquense, que huía de los Nazis y se creía que tranquilo en Francia, de unos y otros.

Total, una decena de Masones, descubrieron que no estaban solos.

"No sé leer, ni escribir”.

“He visto la letra G.”

“Conozco la Acacia….!”

Asombrados los demás deportados, vieron a estos hombres como se daban el abrazo fraternal.

Charles propuso a los Franc-Masones de la barraca, hacer una Tenida en estos días que quedaban. Hay que imaginar la imposibilidad de disponer las decoraciones, las Herramientas Simbólicas y, aun menos, los Rituales comunes.

Carles, el belga, venía del G.O.D.B. Rito Francés. El parisino, del R.E.A.A.; y, en cuanto al muniquense, era del R.E.R.

En la primera Tenida: faltaba de todo, menos la esperanza. Charles abrió los Trabajos, distribuyendo a los Oficios entre los Franc-Masones presentes, sin ocuparse de los Grados de cada uno para el Rito, pues era muy variado.

Hermano Primer Vigilante, ¿a qué hora se abren los Trabajos?

Al mediodía V.M.

Pero, ¿estamos a cubierto, Hermano Vigilante?

¡Lo estamos V.M.! (el Cubridor, un joven anarquista español del P.O.U.M., había aceptado hacer de Guarda Templo, junto a la puerta).

Hermanos Vigilantes ¿queréis inspeccionar vuestras respectivas Columnas?

¡En pie y al Orden Hermanos! Teniendo cuidado de no golpearse la cabeza en el banco de la parte superior.

Todos los presentes son Masones dignos de confianza, V.M.

Entonces los Trabajos pueden comenzar.

Charles planteó una sola cuestión: ¡Hermanos! ¿Cómo ayudar a los deportados de este campamento?

Los Trabajos están abiertos, es cuestión de darle un nombre a esta Logia improvisada. El Hermano Franz propone el siguiente nombre: “La Fraternidad Europea, al Oriente de Royalieu”. Proposición, que fue aceptada por unanimidad.

Se hace algo delicado definir el tenor de los Trabajos de esta Logia, pero lo que sé, es que, para los Hermanos, fue un gran momento de Luz; pero no fue solo esto, pues al concluir, como en una Logia normal, se formó la Cadena de Unión, y es entonces cuando Juan le pidió a Carles, que entraran en la Cadena todos los ocupantes de la barraca; lo que proporcionó una reconfortante y agradable sensación, para todos aquellos hombres que ignoraban el próximo devenir.

Prácticamente, cada noche, la “Fraternidad Europea” abría sus Trabajos en una discreción difícil de mantener en un campo de deportados. Se llegó a descubrir que, en otras barracas, también habían Masones, lo que reforzó la solidaridad entre los deportados, dándole poca importancia que la mayoría fueran profanos, y reinando, en el Campo, la Esperanza por encima de la resignación.

Una noche, observando, nuestro joven anarquista llamó a los Hermanos:

"¡Atención Amigos!”

Ha entrado en la barraca, un Feldwebel, de unos cincuenta años, que sorprendió a todo el mundo, cuando estaban al Orden de Maestro; y dirigiéndose en alemán a Franz, le dijo que tuviera cuidado, pues el Comandante del Campo empezaba a tener dudas, y, para darle el salario, le probó a Franz su pertenencia a la Franc-Masonería, por lo que, a tenor de la circunstancias, estaba obligado a ser más que discreto. Le dijo también a Franz, que se ofrecía a ser Guarda Templo Exterior, durante su turno de Guardia.

Los Trabajos recobraron fuerza y vigor.

La última Tenida:

El Hermano Guarda Templo Exterior, Feldwebel, cogió a Franz aparte y le dijo:

“Debo decirte que, mañana por la mañana, todos los deportados van a ser trasladados a Alemania, a Dachau, y, como ya sabes, aquello es un cambio de exterminio, por ello te pido que informes a los demás Hermanos…”

Esa noche la Logia “Fraternidad Europea”, fue abatida por Carles, el belga. Jean entonó el canto del “A Dios” en la Cadena de Unión, posiblemente la más emotiva que se pueda conocer. El anarquista español entonó el canto de la Marsellesa, cuya entonación se extendió a todo el campo de Royalieu, del tal forma que fue imparable.

El tren arrancó, era el último tren hacia la muerte ...

En 1962, un joven conscripto depositó su petate en las mismas camas ...

En 1966, el joven se hizo Franc-Masón, al leer los archivos y visitar el campo de Struhof, en Alsacia, y les debió rendir homenaje a los pasados Hermanos al Oriente de Royalieu.

En 2013, en nuestros días, en lugar del campamento, se hallan casas, jardines y niños jugando. La vida continúa ...

Saludos Fraternales

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